¿Por qué los estudiantes UC no usan el Parque Maratón, si es tan accesible?
Y porque deberían empezar a hacerlo..
A solo pasos del campus San Joaquín, el Parque Maratón aparece como un vacío verde que muchxs miran sin realmente ver. Está ahí, disponible, amplio, accesible, conectado a calles tranquilas y a la salida del metro. Sin embargo, mientras hordas de estudiantes circulan entre salas, patios y cafeterías, el parque permanece subutilizado, casi invisible para la vida cotidiana universitaria. La pregunta es inevitable: ¿cómo es posible que un espacio tan cercano no sea parte del día a día de quienes pasan años estudiando al lado?
La respuesta no es simple, pero se puede rastrear desde una idea clave: la accesibilidad física no garantiza la accesibilidad simbólica. Aunque el parque está geográficamente cerca, no ha logrado instalarse como un espacio que "dialogue" con lxs estudiantes. Falta identidad, faltan señales de bienvenida y falta un relato que lo integre a la vida universitaria. La ausencia de señalización, de mapas, de normas visibles.. Para una comunidad acostumbrada a la estructura clara del campus, patios delimitados, zonas seguras, rutas conocidas, el Parque Maratón aparece como un espacio ambiguo, un paréntesis urbano sin instrucciones ni propósito aparente.
A esto se suma su configuración interna. El parque, tal como está diseñado hoy, parece orientado sobre todo a la primera infancia y al acompañamiento adulto. Se puede pensar que hay un mensaje implícito : este es un espacio para familias del barrio, no necesariamente para estudiantes. Cuando un parque no habla tu lenguaje, no te invita a entrar.
Pero, más allá de estas razones, también es cierto que el Parque Maratón ofrece una oportunidad que la comunidad UC aún no ha aprovechado. La universidad, como institución, tiende a concentrar la vida social dentro de sus límites. Los patios se llenan de gente, los mismos espacios se repiten una y otra vez, y el tránsito entre actividades se da siempre en la misma lógica productiva. En contraste, el parque representa otra temporalidad: un ritmo más lento, un entorno más abierto, un respiro frente al cemento académico. No es solo un espacio verde; es una invitación a romper la burbuja universitaria y a reencontrarse con el barrio que rodea al campus.
En términos comunitarios, el parque tiene un potencial enorme para convertirse en un punto de encuentro entre estudiantes, vecinxs y trabajadores del sector. Actividades culturales, ferias locales, talleres, ensayos musicales, pausas entre clases, incluso jornadas de autocuidado o deporte informal podrían activar el lugar. Los parques se transforman cuando las comunidades los habitan: se vuelven más seguros, más significativos, más propios. El Parque Maratón no necesita grandes intervenciones para empezar a dialogar con la UC; necesita presencia, uso, vida.
El Parque Maratón no está vacío; está en pausa. No está lejos; está simbólicamente desconectado. Y no está olvidado; aún no ha sido descubierto por la comunidad que más podría transformarlo.
Quizás la pregunta no es por qué lxs estudiantes UC no lo usan. La pregunta real es otra: ¿qué podría pasar si empezaran a hacerlo?
Un parque no existe solo por su diseño, sino por quienes lo habitan. Y hoy, ese espacio está listo para convertirse en un puente entre la universidad y el barrio, entre el estudio y la pausa, entre lo individual y lo comunitario.
